Lo que los estoicos pensarían sobre la cultura del positivismo tóxico

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Existe una industria entera construida sobre una idea.

Que si piensas positivo las cosas saldrán bien.

Que si visualizas lo que quieres lo atraerás.

Que si sonríes aunque no tengas ganas eventualmente tendrás ganas.

Que las emociones negativas son obstáculos que deben eliminarse.

Que el dolor es opcional si tienes la actitud correcta.

Que todo pasa por una razón y esa razón siempre es buena.

El positivismo tóxico.

Una de las fuerzas culturales más extendidas del mundo moderno.

Y una de las más dañinas para quien la aplica sin examinarla.

Los estoicos habrían tenido mucho que decir sobre ella.

No porque fueran pesimistas.

Todo lo contrario.

Sino porque habrían visto en el positivismo tóxico exactamente lo opuesto de lo que pretende ser.

No una filosofía de fortaleza.

Una filosofía de evasión.

No un camino hacia la resiliencia real.

Un camino hacia la fragilidad disfrazada de optimismo.

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Qué es exactamente el positivismo tóxico

Antes de examinar la perspectiva estoica vale la pena definir con precisión de qué estamos hablando.

El positivismo tóxico no es el optimismo genuino.

El optimismo genuino reconoce las dificultades reales y confía en la capacidad de atravesarlas.

El positivismo tóxico niega las dificultades.

Las minimiza.

Las convierte en señales de que algo está mal en quien las siente.

Sus manifestaciones más comunes son frases que probablemente reconoces.

Todo pasa por una razón.

Elige ser feliz.

Las vibras negativas atraen cosas negativas.

Si lo puedes soñar lo puedes lograr.

No te quejes y sé agradecido.

Cada una de esas frases contiene una semilla de verdad.

Y cada una puede usarse de maneras que producen daño real.

Cuando se usan para invalidar el dolor genuino.

Para presionar a alguien a sentir lo que no siente.

Para crear culpa en quien atraviesa algo difícil por no estar suficientemente positivo.

Para evitar el contacto honesto con lo que realmente está ocurriendo.


Lo que los estoicos pensarían de esto

Los estoicos habrían reconocido el positivismo tóxico como algo que ya conocían bien en su época.

Lo llamaban de otras maneras.

Pero el patrón era el mismo.

La negación de la realidad como estrategia para manejarla.

Y habrían señalado algo muy específico sobre ese patrón.

Que no produce fortaleza.

Produce fragilidad.

Porque quien niega la posibilidad del dolor no está preparado cuando el dolor llega.

Y el dolor siempre llega.

“Recuerda que los golpes del destino son comunes a todos los hombres.” — Séneca

No para deprimirse.

Para estar preparado.

Para no ser completamente sorprendido cuando las cosas difíciles ocurren.

Que ocurrirán.

Independientemente de cuánto tiempo hayas pasado pensando positivo.


La diferencia fundamental entre el estoicismo y el positivismo tóxico

Aquí está la distinción más importante.

El positivismo tóxico dice: no sientas lo negativo.

El estoicismo dice: siente lo que sientes y luego elige cómo responder.

El positivismo tóxico dice: las emociones negativas son el problema.

El estoicismo dice: la relación que tienes con las emociones negativas puede trabajarse.

El positivismo tóxico dice: visualiza el éxito y llegará.

El estoicismo dice: practica la premeditatio malorum. Visualiza lo que puede salir mal para estar preparado cuando salga.

El positivismo tóxico dice: todo pasa por una razón buena.

El estoicismo dice: lo que ocurre ocurre. Lo que puedes controlar es cómo respondes.

El positivismo tóxico huye del dolor.

El estoicismo lo atraviesa.

Y esa diferencia produce resultados completamente opuestos a largo plazo.


La premeditatio malorum como antídoto

Los estoicos practicaban algo que al positivismo tóxico le parecería completamente inaceptable.

Pensar en lo que puede salir mal.

La premeditatio malorum.

La meditación previa sobre los males posibles.

Contemplar regularmente la posibilidad de perder lo que se valora.

La salud.

Las relaciones.

El trabajo.

Las posesiones.

No para deprimirse.

Para estar preparado.

Para no ser completamente devastado cuando la pérdida llegue.

Para valorar más completamente lo que se tiene mientras se tiene.

Marco Aurelio la practicaba constantemente.

Séneca la describía en detalle en sus cartas.

Epicteto la consideraba esencial para cualquier práctica filosófica seria.

“El que se ha preparado para las cosas adversas las quita de en medio. El que no se ha preparado es abatido por ellas aunque sean leves.” — Séneca

El positivismo tóxico produce personas que no saben cómo manejar las cosas adversas porque nunca las contemplaron como posibilidad real.

La premeditatio malorum produce personas que cuando llegan las cosas adversas tienen recursos disponibles porque ya las habían contemplado.


Lo que el estoicismo dice sobre las emociones negativas

Los estoicos no pedían que sus emociones desaparecieran.

Eso sería imposible e inútil.

Lo que practicaban era algo considerablemente más sofisticado.

La distinción entre las emociones que la situación produce de manera involuntaria y el juicio que se añade a esas emociones.

El miedo inicial ante una amenaza es involuntario.

Es información.

Dice que algo requiere atención.

El sufrimiento prolongado que se construye sobre ese miedo con interpretaciones, predicciones y narrativas es algo que puede trabajarse.

“No son las cosas las que te perturban, sino las opiniones que tienes sobre las cosas.” — Epicteto

No supresión de las emociones.

Examen de los juicios que las amplifican innecesariamente.

Esa es una postura completamente diferente al positivismo tóxico que pide que las emociones negativas simplemente no existan.

Y produce resultados completamente diferentes.


Por qué el positivismo tóxico produce fragilidad

Aquí está algo que los estoicos habrían señalado con particular énfasis.

El positivismo tóxico no solo no ayuda en los momentos difíciles.

Activamente dificulta la capacidad de manejarlos.

Porque quien ha pasado años entrenando su mente para evitar el contacto con lo negativo no tiene los recursos disponibles cuando lo negativo llega de manera inevitable.

No sabe cómo estar con el dolor.

No sabe cómo atravesar la incertidumbre.

No sabe cómo mantener el centro cuando las cosas no salen como esperaba.

Porque nunca practicó ninguna de esas habilidades.

Solo practicó evitarlas.

El estoicismo produce lo contrario.

Una mente que ha contemplado la adversidad, que ha practicado la incomodidad voluntaria, que ha examinado honestamente sus propias limitaciones, está considerablemente mejor equipada para los momentos donde la vida no cumple las expectativas.

Que son la mayoría de los momentos.


Lo que los estoicos habrían dicho de otra manera

Los estoicos no eran pesimistas.

Tenían algo más valioso que el optimismo.

Tenían ecuanimidad.

La capacidad de mantener el centro independientemente de lo que ocurriera.

No porque todo siempre fuera bien.

Sino porque habían desarrollado los recursos para estar bien aunque no todo fuera bien.

Esa ecuanimidad no se construye pensando positivo.

Se construye exactamente de la manera que el positivismo tóxico considera inaceptable.

Mirando de frente lo que puede salir mal.

Examinando honestamente el propio dolor cuando llega.

Desarrollando la capacidad de estar con la incomodidad sin necesitar que desaparezca inmediatamente.

“Busca dentro de ti. La fuente del bien está ahí y siempre brotará si la buscas.” — Marco Aurelio

No en las circunstancias externas favorables.

No en el pensamiento positivo que las atrae.

Adentro.

En el carácter construido con práctica honesta.

En la resiliencia desarrollada atravesando la incomodidad en lugar de evitarla.

Si este tema resuena contigo, este artículo también puede ayudarte:

👉 La diferencia entre prepararte y preocuparte según los estoicos


Cómo aplicar la perspectiva estoica en lugar del positivismo tóxico

No se trata de volverse pesimista.

Se trata de desarrollar algo más útil que el optimismo ingenuo.

Permite el dolor en lugar de suprimirlo.

Cuando algo duele permite que duela.

Sin añadirle la narrativa de que no debería doler.

Sin presionarte para sentirte diferente de como te sientes.

El dolor que se permite atravesar se atraviesa.

El dolor que se suprime se acumula.

Practica la premeditatio malorum.

Contempla regularmente lo que podría salir mal.

No para paralizarte.

Para estar preparado.

Para valorar más completamente lo que tienes mientras lo tienes.

Para no ser completamente devastado cuando la pérdida llegue.

Examina los juicios que amplifican el sufrimiento.

Cuando algo te perturba pregúntate qué estás añadiendo al evento en sí.

¿Es el dolor por lo que ocurrió o es el dolor por lo que crees que significa lo que ocurrió?

Esa distinción no elimina el dolor real.

Pero puede reducir el sufrimiento añadido.

Desarrolla resiliencia atravesando incomodidad.

No evitándola.

Cada vez que atraviesas algo difícil sin evitarlo construyes la evidencia de que puedes.

Y esa evidencia, acumulada, produce una confianza que ningún pensamiento positivo puede producir.


Conclusión

Los estoicos habrían visto en el positivismo tóxico algo que reconocerían inmediatamente.

Una filosofía de evasión disfrazada de fortaleza.

Una manera de evitar el contacto honesto con la realidad bajo la apariencia de optimismo.

Y habrían señalado lo que la experiencia confirma.

Que esa evasión no produce fortaleza.

Produce fragilidad ante lo que inevitablemente llega.

Lo que los estoicos ofrecían en su lugar no era pesimismo.

Era algo considerablemente más valioso.

La capacidad de mirar de frente lo que puede ocurrir.

De atravesar lo que ocurre cuando ocurre.

De mantener el centro independientemente de si las circunstancias son favorables o no.

Eso no se construye pensando positivo.

Se construye practicando honestamente.

Con la realidad tal como es.

No como uno quisiera que fuera.


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Porque la fortaleza real no viene de pensar que todo irá bien.

Viene de saber que puedes estar bien aunque no todo vaya bien.

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